«Las pantallas interactivas les devolvieron la emoción por aprender; ahora nada les da miedo y todo lo exploran.» – Candelaria Maldonado | Colegio Tomás Carrasquilla
La llegada de las pantallas interactivas OneScreen al Colegio Tomás Carrasquilla marcó un antes y un después para los más pequeños. Lo que para muchos podría ser solo “un equipo tecnológico”, para la profesora Candelaria Maldonado representó un cambio profundo: entusiasmo renovado, atención sostenida y un ambiente donde los niños de 5 años aprenden sin miedo y con una naturalidad sorprendente.
Conociendo al Colegio Tomás Carrasquilla
En este colegio, la profesora Candelaria Maldonado acompaña a los niños de transición 01, un grupo lleno de curiosidad y energía. Ella se encarga de guiarlos en áreas como personal social, comunicativa y cognitiva —incluyendo ciencias naturales y matemáticas—, sentando bases claves en una etapa esencial del desarrollo infantil.
Como en muchas instituciones de la región, el colegio venía de años de educación tradicional y enfrentaba el reto de reconectar a los niños tras el aislamiento de la pandemia. La tecnología se volvió una necesidad, no un lujo.
Antes de OneScreen: el esfuerzo por mantener la atención
Antes de contar con tableros inteligentes y pantallas digitales, el día a día era más desgastante: carteleras, cuentos impresos, tableros de tiza y luego de marcador. Repetir instrucciones una y otra vez consumía tiempo y energía, especialmente en actividades manuales como plegados o ejercicios motrices.
La atención de los niños era el mayor desafío. Después de dos años de encierro, volver al aula implicaba distraerse fácilmente. La profesora lo resume así: “Hay tantos factores que hacen que los niños se dispersen… entonces esta nueva herramienta es maravillosa.”
Además, muchos docentes sentían temor inicial de usar nueva tecnología: miedo a dañarla, a no entenderla o a no sacarle el máximo provecho. Pero eso estaba por cambiar.
Después de OneScreen: curiosidad encendida y clases más fluidas
La llegada de las pantallas interactivas OneScreen —o como lo llaman en el colegio, su pizarra electrónica— transformó la experiencia educativa de inmediato.
Candelaria lo describe sin rodeos:
“Ha sido una experiencia maravillosa… un regalo para el colegio.”
Tres cambios marcaron la diferencia:
1. Los niños aprendieron sin miedo
Los estudiantes, acostumbrados desde casa a tabletas, videojuegos y televisores inteligentes, se apropiaron de las pantallas desde el primer día.
“Ellos no sienten temor; manejan la pantalla, cambian, ponen pausa, hacen los juegos. Son maravillosos.”
Su motivación aumentó y la participación se volvió natural.
2. La maestra ganó tiempo y libertad
Mientras la pantalla guía una actividad interactiva, Candelaria puede acompañar de cerca a quienes necesitan más apoyo.
Ya no repite decenas de veces un mismo paso: la pantalla lo muestra con claridad y los niños lo siguen a su ritmo.
3. Nuevas formas de explicar y explorar
Ver cuentos, videos cortos, narraciones o contenidos científicos es ahora parte del día a día.
“Uno es humano y se puede equivocar, pero allí todo está más claro.”
La precisión visual y auditiva facilita la comprensión y mantiene el interés.
El antiguo tablero quedó casi relegado a una cartelera ocasional. Ahora, el aula gira alrededor de un tablero interactivo que invita a tocar, mover, descubrir y crear.
La pantalla como puente entre tradición y futuro
Para Candelaria, la educación efectiva del siglo XXI se basa en combinar lo valioso del pasado con herramientas modernas:
“No podemos rechazar el pasado porque de ahí viene el futuro.”
La tecnología no reemplaza la labor docente; la amplifica. En su salón, la pantalla interactiva no es un accesorio, sino el centro de una experiencia más activa, visual y dinámica.
Y si le preguntan si volvería al método tradicional, su respuesta es clara:
“Es como volver al pasado… si toca en una emergencia, toca, pero ya no.”
Conclusión: OneScreen como aliado para reinventar el aprendizaje
El caso del Colegio Tomás Carrasquilla refleja lo que ocurre en cientos de instituciones que adoptan tableros interactivos, pantallas digitales y pizarras electrónicas de OneScreen en Latinoamérica: niños más motivados, docentes más libres para acompañar y aulas alineadas con las necesidades del siglo XXI.
La historia de Candelaria es una prueba de que cuando la tecnología es intuitiva, accesible y bien acompañada, transforma la educación desde sus cimientos.
OneScreen no solo modernizó el salón: devolvió la emoción, la participación y el asombro.